En medio de animales y la agricultura del pequeño pueblo de Concepción de Aguas Zarcas, una niña de 7 años empezaba a descubrir una pasión que 25 años después la llevaría a volar por los cielos de centroamérica, México y Estados Unidos como piloto de la compañía Walmart.

Ella es, Marjorie Blanco, una sancarleña de 32 años que siempre miró al cielo, porque en el fondo de su corazón sabía que allá arriba, cumpliría sus sueños.

“En una región donde no se ven tantos aviones siempre fue curioso escucharlos pasar, salía corriendo a buscarlos para verlos, pero a ese momento era como un sueño imposible, era como pensar en ser astronauta. De hecho como viví siempre rodeada de animales pensé que estudiaría veterinaria”, relata Marjorie.

En su niñez visitar a sus hermanos en Heredia era todo un momento de felicidad, pues además de verlos, sabía que el bus pasaba por la inmediaciones del Aeropuerto Juan Santamaría, en Alajuela. Tanto así que antes de llegar al lugar, se pasaba de asiento y buscaba una ventana para ver las enormes aeronaves.

Graduada del Colegio Técnico de Aguas Zarcas, se marchó a vivir a Heredia y optó por estudiar Turismo y complementarlo con un curso de Inglés en el INA.

El sueño de estar cerca de los aviones empezó a formarse cuando consiguió un trabajo como vendedora de café en el aeropuerto.

“Ahí trabajé un año, me fui acostumbrando al ambiente de los aeropuertos y a practicar el inglés, todavía no me imaginaba montada en un avión, pero fue muy bonita la experiencia”, cuenta.

Tras una breve experiencia trabajando en Canadá, Marjorie regresó a Costa Rica con la idea de querer viajar por el mundo, por ello acudió a las oficinas de Avianca, su objetivo, conseguir trabajo como Aeromoza.

Sin embargo el camino no sería sencillo, recibió un llamado para laborar como ‘Counter’ en Sansa y sin estar convencida aceptó el trabajo.

Su primer trabajo cerca de los aviones fue como counter en Sansa. Foto cortesía

Amor a primera vista… o en primer vuelo

Aceptar ese trabajo fue la mejor decisión de su vida, así lo describe mientras su voz destapa mil recuerdos que le marcan una sonrisa de oreja a oreja.

“Fue lo mejor que hice porque eso me permitió conocer a muchos Pilotos y en un momento mi supervisora me ofreció ir en un vuelo a Puerto Jiménez. Ahí empezó a cumplirse mi sueño, verlos a ellos hablando con la torre de control, como maniobraban el avión, eso fue fascinante, algo que jamás había visto en mi vida”, dice.

Llegó a tierra y de inmediato llamó a su mamá: “¡Mami, esto es increíble, yo quiero ser piloto!”, relata.

El factor económico separaba a Marjorie de cumplir su sueño, su mamá ama de casa y papá, agricultor y peón de construcción, hacían ver imposible que esta sancarleña pudiera iniciar la carrera de piloto.

Pero como dice el refrán, ‘persevera y alcanzarás’. Marjorie no se rindió, siguió en su trabajo y empezó a escalar posiciones, a sus 24 años empezó como aeromoza para vuelos internacionales de Avianca.

Sus padres y familiares la acompañaron en alguno de los vuelos, ahí terminaron de confirmar que lo de Marjorie definitivamente era volar.


Sus padres la acompañaron en algunos de sus vuelos. Foto cortesía

Ahorró durante 1 año, un hábito inculcado por su padre que le permitió, por fin, empezar a cumplir su sueño.

“Mi papá siempre nos enseñó a ahorrar, yo lo hice, pensando en comprar un apartamento o algo, pero un compañero llegó y me dijo: ‘Marjorie voy a empezar a estudiar aviación ya me inscribí’ y yo le dije yo también quiero y entonces empecé, aunque tenía temor de no poder hacerlo, de no poder volar un avión”, cuenta.

El momento había llegado, con 26 años a Marjorie el destino le volvía a sonreír, ingresó a la academia CPA Flight School en Pavas, San José y 2 años después consiguió su licencia como piloto.

“La saqué en ese tiempo por el ahorro, casi todo mi salario lo ahorré porque las horas son muy caras, cuesta alrededor de $200 dólares la hora y se ocupan 180 horas para obtener la licencia y adicional hay que pagar el curso teórico y materiales. Yo pasaba en los hoteles estudiando, cada momento que tuviera libre era para estudiar”, describe.

Sus sacrificios tuvieron su recompensa. Hoy esta sancarleña, graduada con honores, acumula 2700 horas de vuelo y además es piloto de la cadena de supermercados Walmart.

En un Jet privado de la compañía, recorre los cielos de Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Panamá, El Salvador, México y Estados Unidos.

Marjorie es una muestra de que el que quiere puede y que a pesar de los obstáculos, siempre hay un camino para cumplir sueños, incluso en un puesto ‘dominado’ por hombres.

“Mi consejo es que no importa si es una carrera dominada por hombres, que no se dejen intimidar por eso, que no sea un límite, lo que más vale es realizarnos tanto profesional como personalmente. No quedarnos con un “hubiera”, poner metas y que cada día avancemos un paso. No escuchen a las personas que digan que no podemos, debemos creer en nuestras capacidades y no ponernos límites”, finalizó.

Marjorie tiene una hermana gemela, su nombre es Yadira y es aeromoza de Avianca, ambas esperan que las futuras generaciones de su familia también descubran la pasión por volar alto.

Tomado de: https://sancarlosdigital.com