Los ladrones de tu paz

Arturo¿Cómo le hace uno para vivir en paz en un mundo que solo parece hablar y actuar con violencia? Ya en serio, ¿con qué se come eso ?

¿Será que hay que vivir en otro mundo, será que hay que desconectarse, tener corazón de piedra para tener paz, mientras pululan por allí asesinos despiadados, un des gobierno que perdió la brújula, políticos corruptos, presas en las calles, dinero que no alcanza y hasta seres queridos que nos sacan de quicio?

Y le tengo una última pregunta: ¿Quién es el responsable de que usted y yo vivamos o no en paz? ¿Nosotros o los otros?

Porque si mi paz y la suya dependen de lo que hagan o dejen de hacer los otros, perdón, ¡estamos muy mal!

Porque allá afuera, en su misma casa, en el vecindario, en las noticias, encontraremos uno y mil ladrones que constantemente intentarán robarnos la paz.

Entonces, que feo, nos convertiremos en una veleta que el viento de las personas, las cosas y las circunstancias, mueven a su antojo sin nosotros poder mover siquiera un dedo.

¿Hasta cuándo nos permitiremos ser títeres del mundo exterior solo porque no hemos logrado construir un mundo interior a prueba de esos vaivenes?

Ah, porque creemos que en esta vida se puede aprender de todo, casi de todo, menos a vivir en paz.  Como si no hubiéramos sido dotados de una inteligencia suprema capaz de transformar todo lo que necesita ser transformado en nosotros. Como si en nosotros mismos no viviera un motor, un pedacito del Creador, listo para convertirnos en todo eso que queremos.

Ustedes me disculpan la rudeza, pero creo que seguimos siendo cabezas duras. Decía Albert Einsten, el científico más famoso de todos los tiempos: “Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, yo sugerí la mejor de todas: la paz”.

Uno observa esos ríos de seres humanos indignados y a punto de ebullición por actos de violencia de distinto calibre y  no termina de preguntarse si el odio del que mata no es del mismo tamaño del odio del que quiere matar al asesino.

Uno se pregunta, muy crudamente, si la única diferencia no es que uno explotó y los otros llevan incubado ese oscuro sentimiento listo para ser vomitado a la menor provocación o al menor acto de injusticia que vean por allí.

Uno debe preguntarse qué lo hace enojarse, qué lo hace perder la dulzura del carácter, que lo hace perder la paz y entonces uno mismo puede entender de qué está lleno su propio corazón. Porque todo nace en nosotros mismos. Porque todo depende siempre del cristal con que yo mismo elija mirar.

Porque “lo que enferma al hombre no es lo que viene de afuera sino lo que sale de su corazón”. Y yo agregaría: lo que hace feliz al hombre no es lo que viene de afuera sino lo que construye en su corazón.

¿De qué llenamos nuestra cabeza y nuestro corazón cada día? ¿De estrés, de preocupaciones, de resentimientos? ¿Cuánto tiempo  dedicamos sinceramente a llenarnos interiormente de algo diferente, de algo que sea un bálsamo para el espíritu y que se convierta en el combustible que nos permita navegar en paz cada día?

Porque usted y yo nos convertimos simplemente en eso a lo que le dedicamos atención,  tiempo y dinero. Porque la mente se vuelve del color de tu vida, de la vida que nosotros elegimos construir.

Uno se pregunta cuál fue la clave para que Nelson Mandela lograra la paz en Sudáfrica sin un solo disparo. Uno se pregunta cómo Gandhi hizo exactamente lo mismo en la India. Y ni qué decir de Martin Luther King que logró poner fin a la segregación racial en Estados Unidos solo despertando la consciencia de una nación gigante.  Diríase que el lema de los tres fue combatir la violencia con la paz.

Y a esa misma gran escala uno mismo se pregunta, por qué después de dos o más guerra instauradas por Estados Unidos en Oriente Medio, la paz aun no logra llegar allí y más bien los criaderos de violencia siguen germinando sin parar. Diríase que su lema es combatir la violencia con más violencia. Y allí están los resultados a la orden del día.

Entonces, “el que tenga oídos para oír, que oiga; el que tenga ojos para ver, que vea”.

 

No hay otro camino que construir la paz, nuestra propia paz. Lo decía muy bien el poeta Amado Nervo: “Hay algo tan necesario como el pan de cada día y es la paz de cada día, sin la cual el mismo pan es amargo.

El único camino es sembrar paz en mi corazón, en el suyo, en el corazón de todos. Y entonces todos conoceremos “la paz que sobrepasa todo entendimiento”. Cualquier otra vía es pura ilusión.

 

Arturo Alvarez es motivador, coach conferencista y escritor. Es el autor del libro La Oruga que quería ser Mariposa

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