Las siete lecciones de Trump

banderaNo señores. El monstruo no es como lo pintan. Que Donald Trump haya salido de las cavernas más conservadoras y radicales y que haya ganado la presidencia de la primera potencia mundial no es tan malo. ¡De verdad! Se los aseguro.

Sí, ya sé que tiene rostro de maniático y gestos severos. También sé que tiene un vocabulario incendiario y que algunas de sus exorbitantes ideas son un peligro para el planeta entero.

Miren, en la vida todo esconde un propósito maravilloso, superior, y, aunque nos duela, esta elección nos retrata. Y retrata no solo a su país, sino a todos como humanidad. Si las contáramos, encontraríamos decenas de lecciones que nos regala la elección de Trump como el presidente de Estados Unidos. Aquí les comparto siete de ellas.

  1. Hay que buscar y conocer siempre la otra cara de la moneda. Estados Unidos es mucho más que California y su Disneylandia; mucho más que Massachussetts y sus universidades (quizás las mejores del mundo); mucho más que Nueva York y su glamour; mucho más que una admirable potencia económica mundial. Estados Unidos es también la suma de miles de pequeños pueblos rurales donde habitan millones de campesinos y personas de muy escasa escolaridad que todavía viven y respiran un mundo de antaño donde el conservadurismo a ultranza está a la orden del día.
  2. No se vale subestimar a nadie. Hace un año y medio nadie daba un centavo por Trump. Los más connotados analistas hablaban de Donald Trump con desdén casi burlesco y le otorgaban posibilidades nulas de llegar al final de la contienda.
  3. El mundo hace rato dejó de ser un rebaño domesticado. Las encuestas ya no predicen triunfos, las fortunas ya no garantizan presidencias, los títulos y la trayectoria ya no cuentan; las imágenes cuidadosamente construidas por costosos asesores importan un bledo.
  4. Ponerle parches a lo que ya está roto no tiene sentido. Estados Unidos vive hace rato una falsa realidad: un concubinato profundo y escandaloso entre política y negocios; una farsa política adobaba con procesos electorales dudosos (como la elección de George W. Bush), un sistema bancario voraz, adicto a los rescates gubernamentales, y guerras artificiales creadas e infladas para oscuros intereses de unos cuantos.
  5. Conocer nuestro lado oscuro nos ayuda a sanarlo.  No se puede tapar el sol con un dedo.  Suena masoquista, pero poner al descubierto y resaltar el lado oscuro de Estados Unidos, o de cualquier ser humano, nos ayuda a entenderlo, a sanarlo, a trascenderlo, aunque antes haya que vivir antes un doloroso calvario.
  6. Las crisis nos empujan a reinventarnos. Estados Unidos se reinventó tras la Gran Depresión de los años 30; Alemania y Japón se reinventaron tras su derrota en la II Guerra Mundial. Muchos seres humanos han reinventado sus vidas a partir de una profunda crisis personal.
  7. Irradiar luz en medio de la oscuridad. Podemos sumarnos a los que se encuentran aterrorizados por lo que podría ocurrir en Estados Unidos y en el mundo y hacer así más grande esa oscuridad; o podemos elegir elevar nuestra vibración, nuestro despertar de consciencia, nuestra transformación interior porque comprendemos que el verdadero y único cambio en el mundo solo puede comenzar en nuestras mentes y corazones.

Arturo Álvarez es coach personal, escritor y facilitador de talleres de crecimiento personal. Es el autor del libro La Oruga que quería ser Mariposa. También es conductor, junto a Marcelo Castro y Patricia Taborda, del programa radial Cuando Vuelves a Casa, que se transmite todos los lunes de 5:00 pm a 7:00 pm por Columbia Estéreo 92.7 FM.

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