El niño que vive en mí

arturito

Les juro que me miro al espejo y me digo: “¿de dónde salió ese tipo que ya peina tantas canas,  muy ralas por cierto, ese hombre de profundos surcos en el rostro?

Es que me asomo profundamente en mis ojos y les juro que a la vez veo ese chiquillo, ese mocoso cargado de sueños, miedos, ilusiones y esperanzas que un día fui. Pero a la vez es  como si él saltará desde dentro de mí y me gritara: “aquí estoy; mírame bien, sigo siendo el mismo”.

Yo me quedó mirándolo fijamente y puedo descubrir en él una mirada cómplice que me dice: “mira, lo estamos logrando; mira hasta dónde hemos llegado”. Y, lo confieso, a veces descubro en su mirada un signo de interrogación que me dice: “¿Adónde vamos? ¿Estás seguro que es por allí el camino?”

Es como si fuéramos dos personas distintas habitando un mismo cuerpo. Como si el adulto y el niño jugaran un juego de escondidas donde el adulto a veces olvida que el niño vive allí mismo, en su mismo cuerpo, en su misma alma;  y cuando lo olvida es precisamente cuando su vida se vuelve más seria, más monótona, más amargada y aburrida.

Ay, pero cómo costó que ese niño y yo hiciéramos las paces, nos hiciéramos amigos, nos perdonáramos, nos reencontráramos y nos amáramos.  Antes de lograrlo vivíamos como la canción de Alejandro Sanz: “con el corazón partio”.

Ahora que lo entiendo, y eso que acepto que he sido un cabeza dura, me pregunto cómo podríamos hacer para vivir divorciados de ese niño que nos habita y que nunca ha dejado de acompañarnos.

Porque el adulto es el tipo artificial, formal, rígido, programado y razonador que la sociedad nos enseñó a ser. Pero el niño, el niño es ese que en verdad somos: un puñado de sentimientos donde no cabe la razón; un puro sentir; una criatura espontánea, alegre, juguetona, curiosa,  impredecible; y especialmente un ser de corazón puro, alma noble, lleno de amor para dar a manos llenas.

Ahora que crecimos, a veces sentimos que hemos perdido la brújula, que  no le encontramos sentido a la vida. Y yo apostaría que eso nos ocurre, en gran parte, porque le hemos entregado demasiado el timón a un adulto que no sabe cómo enfrentarlo todo sin perder la alegría, la espontaneidad  y la fluidez que tienen a raudales los niños.

¿Será por eso que nos insisten tanto en que si no somos como niños no entraremos al reino de los cielos? Yo apostaría que ese reino de los cielos no es ni más ni menos que esa sensación maravillosa de gozo y amor que se esconde profundamente en todos nuestros corazones a la espera de que la dejemos salir para que se convierta en la brújula de nuestras vidas.

Un niño, aunque sea de modo inconsciente, tiene mucho más fresca que nosotros los adultos, la memoria de su verdadero origen, de su esencia. Está recién llegado al planeta y aun trae el “disco duro” original que espontáneamente le dice cuál es el estilo de vida que nos hace realmente felices.

Si todos somos hijos de una misma Fuerza Omnipotente, entonces, eso que son los niños, no es ni más ni menos eso que esa Fuerza quiso para todos nosotros y que hemos perdido irremediablemente en el camino por creernos que podemos reinventar la rueda de cómo debe ser y vivir un ser humano.

Ahora como adultos nos dicen que tenemos que visualizar con fuerza todo eso que queremos, pero, vaya ironía, eso ya los niños lo saben. En ellos habita una magia diferente: pueden ver amigos, héroes, hadas y duendes invisibles, que a nosotros, adultos cuadrados, nos parecen demasiada fantasía.

A ver, ¡pongámonos serios! Si queremos ser verdaderamente felices asomémonos a los niños y en cada uno de ellos encontraremos un gurú, un verdadero maestro, Y, asomémonos especialmente al niño que habita en nosotros. Él sabe que ya crecimos, pero no olvida que nuestra alma guarda esa pureza infantil que es nuestra huella imborrable.

 

Arturo Álvarez es motivador, coach, conferencista y escritor. Es autor del libro La Oruga que quería ser Mariposa. También es conductor del programa radial Cuando Vuelves a Casa que se transmite todos los lunes de 5:00 pm a 7:00 pm por Columbia Estéreo 92.7 FM.

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