Profundizando

La escurridiza felicidadfelicidad

Ser feliz es como jugar a la ruleta rusa: no sabes si algún día acertarás. Al menos así piensa la mayoría.  Es como si fuera una lotería: todos juegan a ganarla y solo un puñado lo consiguen.

      Decía el mítico John Lennon: “cuando tenía cinco años mi madre me decía que la felicidad era la clave de la vida. Cuando fui a la escuela me preguntaron que quería hacer cuando fuera grande. Yo respondí: feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta y yo les respondí que ustedes no entendían la vida”.

     ¿Estaremos buscando en el lugar equivocado? Alguien dijo que más de dinero, poder, sexo, reconocimiento, un cuerpo hermoso o hasta algunos alucinógenos nos ayudaría a andar siempre con una sonrisa de oreja a oreja.  ¡Y le creímos! 

Nada más lejos de la realidad. Si usted pone, por ejemplo, el dinero muy arriba en su lista de prioridades, corre más riesgo de caer en depresión, ansiedad y baja autoestima.

    Según Tim Kasser y Richard Ryan, investigadores de la Universidad de Rochester, en Nueva York, “cuanto más buscamos satisfacciones en los bienes materiales menos las encontramos en ellos”. Ellos comprobaron que los buscadores de dinero obtienen bajos puntajes en pruebas de vitalidad y autorrealización.

      Entonces, la verdad es que no hemos apuntado bien la brújula. En buen costarricense, hemos puesto la carreta delante de los bueyes.  Compramos la idea de que un poco más de algo que está allí, fuera de nosotros,  es la receta mágica para ser felices.

    La verdad es otra. Hasta la Biblia lo reza con claridad: “El Reino de los Cielos vive dentro de ti”.Ya mucho antes  Pitágoras manifestaba que “los males de los hombres son fruto de su elección y que la fuente del bien la buscan lejos cuando la llevan dentro de su corazón”.

    Vamos, no se engañe: pregúntese cuántas veces ha conseguido algo que ansiaba y a los pocos días volvió a sentirse igual que siempre.

   La felicidad está en las cosas pequeñas, simples, esas que a veces no cuestan nada. Sonja Lyubomirsky, psicólga de la Universidad de Stanford, en California, explica que en uno de sus experimientos, quienes se tomaron el tiempo para “saborear” los eventos ordinarios que normalmente realizaban rápido y en automático, o para volver a pensar en momentos agradables de su día “mostraron incrementos notables de felicidad y reducciones de depresión.

      Entiéndalo: la felicidad es un estado interior que no se alimenta con nada que usted encuentre allá afuera. Esa chispa divina vive en usted. ¡Déjela salir!

    Algunos preguntarán: ¿cómo lo consigo si mi vida es un desastre? Comience en usted, busque en su interior un espacio de silencio, de paz, donde practique olvidar por unos minutos sus problemas. Hágalo hasta que se convierta en un hábito y usted se asombrará con los resultados.

 

 

El arte de dar en el blanco

   blanco

Hey, pssst. ¡Sí, usted, el que está leyendo!  Es con usted. No se distraiga.

Apuesto a algo más le roba su atención mientras intenta concentrarse en este artículo. Ese es su gran problema….y el mío, y el de todos: no logramos enfocarnos y por eso no conseguimos los que queremos.

¡Una cosa a la vez! Ese es el reto. ¿Cómo dar en el blanco si nuestras flechas apuntan a una infinidad de blancos?

Si se siente agobiado con todas sus obligaciones, quizá el problema no sea falta de energía o de tiempo.   El detalle es que su fuerza está dispersa; cada vez que hace una cosa y piensa en otras, cada vez que intenta hacer muchas cosas a la vez, usted pierde poder.

Los abuelos decían que “el que mucho abarca poco aprieta” y los expertos lo confirman. Una investigación de la Universidad de Utah, y publicada en la revista PLoS ONE,  comprueba que hacer muchas cosas al mismo tiempo no es la idea más efectiva.

Más de 300 estudiantes sometidos a múltiples actividades simultáneamente fueron menos capaces de realizarlas que otros que se enfocaron en solo una o dos actividades.

Ya sé, me dirá que no puede evitarlo, que el multitasking vive con usted. Si es así, los expertos explican que si quiere ser exitoso haciendo muchas cosas a la vez, le toca primero aprender a enfocarse en una sola.

No lo digo yo. Una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Science, de los doctores David Levy y Jacob Wobbrock, junto a la Universidad de Washington, reveló que decenas de participantes en un experimento de meditación por atención o enfoque, lograron luego niveles más altos de desempeño en tareas simultáneas que quienes no practicaron centrarse en una sola cosa a la vez.

Vamos, reconózcalo: mientras conduce o viaja en el autobús, piensa, a veces obsesivamente,  en lo bien (o mal) que lo pasó ayer o en esa larga lista de pendientes por resolver.

Si vive cada instante como la antesala de algo más que vendrá, está permitiendo que la vida se le escurra entre sus dedos. ¡Sáquele el jugo a sus minutos! Haga solo aquello que de verdad le permita crecer y ser feliz.

¿Se imagina la calidad de todo lo que hace si a ello dedicara total su atención? ¿Cómo sería compartir con su pareja sin pensar en nada más? ¿Cuánto mejoraría su rendimiento laboral si se enfocara plenamente en cada tarea? ¿Y qué tal si el descanso fuera de verdad para degustar su reposo y nada más?

Sí, es cierto, no es tarea fácil. En este mundo moderno, que según Mafalda tiene más de moderno que de mundo, muchas cosas compiten por su atención.

Pero la elección es siempre suya. En el diverso menú que la vida le ofrece, usted siempre escoge el platillo en el que desea enfocarse.

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